viernes, 1 de abril de 2011

¿Crecimiento o desarrollo?

¿CRECIMIENTO O DESARROLLO?

Por Francisco Parra Luna, Catedrático Emérito, UCM

Resulta normal y lógico, dentro del economicismo más bien romo que nos suele inspirar, que se tenga al nivel de “renta per capita” como la variable básica del llamado “desarrollo”, lo que a veces no deja de ser cierto, pero conviene separar ambos conceptos para mejor entendernos. Ya en principio debería decirse que la “renta per capita” tiene solo sentido económico mientras que “desarrollo” incluye otras dimensiones sociales y espirituales perseguidas igualmente por los humanos. De ahí que, disconformes con el uso y abuso del concepto monetario “renta per capita”, se hayan diseñado otros índices que intentan aproximarse a una noción más completa y apropiada de “desarrollo”. Así, el Indice de Desarrollo Humano de la ONU (incluye la esperanza de vida, el alfabetismo, la educación y la renta per capita); el ”Happy Planet Index” (suma de satisfacción subjetiva, más esperanza objetiva de vida, partido por un índice de destrucción ecológica per capita); el “Green Gross Domestic Product” (crecimiento económico partido por consecuencias ecológicas); el “Genuine Progress Indicator” (registra costes por destrucción de la naturaleza, por criminalidad, y por ruptura familiar, entre otros); o el “Gross National Happiness” (que integra los niveles alcanzados en aspectos económicos, ecológicos,físicos,mentales,laborales, sociales y políticos), y ello por no citar algunos otros como el elaborado en Butan llamado “Felicidad Interior Bruta”, o bien algunas expresiones negativas como el Indice de Miseria que suma paro e inflación. Todos ellos debidos a una insatisfacción creciente con la expresión “renta per capita” como indicador que mida universalmente la verdadera calidad de vida.

Y el error no consiste solo en tomar la “renta per capita” como expresión única, sino que se le concede además un poder explicativo que no siempre le corresponde. Lo que da pie a discusiones como la tenida recientemente con mi buen amigo Adolfo Castilla, catedrático de Economía, cuando sostenía el poder determinante superior de la renta per capita sobre cualquier otro factor, por lo que el debate derivó hacia la necesidad de definir previamente lo que significaba “desarrollo” si es que es esto lo que perseguimos. ¿Qué sería, pues, desarrollo?. Surgió entonces lo que vengo llamando “Patrón Referencial de Valores” que incluye los nueve siguientes como respuesta a otras tantas necesidades de carácter universal: Salud (necesidad de buena forma física y mental); Riqueza Material (suficiente renta per capita); Seguridad (frente a contingencias); Conocimiento (dominio de los secretos que nos rodean); Libertad (de movimientos y expresión);Justicia Distributiva (percepción de equidad); Conservación de la Naturaleza (respeto ecológico); Calidad de las Actividades (autodesarrollo personal) y Prestigio Moral (estima social por servicio a los demás). Serie de valores que en mayor o menor grado perseguimos y alcanzamos todos los humanos en nuestra vida cotidiana, lo que se extiende lógicamente a familias, grupos, iglesias, clubs, organizaciones, empresas, ayuntamientos, estados, etc. Donde cada institución se caracteriza por haber adoptado un perfil axiológico (que trata de “valores”) propio. Estaríamos incluso predeterminados a no perseguir otra cosa sino estos valores para poder satisfacer nuestras necesidades (el “valor” es el reverso de la medalla de la “necesidad”, como dijo el antropólogo C. Kluckhohn). Lo que sucede es que cada individuo, grupo u organización suele conceder más peso a unos valores que a otros originando así las ideologías cuando estas opciones se estructuran con arraigo. Y por llevar el caso a lo político, véase como el régimen llamado “Comunista” acentúa mas los valores de “Justicia Distributiva” y “Seguridad” que los de “Riqueza Material” y “Libertad”, mientras que el llamado “Capitalismo” hace exactamente lo contrario: prefiere los valores de “Libertad” y “Riqueza Material” a los de “Justicia Distributiva” y “Seguridad”; resultando los restantes cinco valores bastante menos significativos para diferenciar ambos regímenes. ¿Cual de los dos sistemas políticos es mejor o menos malo?.El que empíricamente alcance un promedio superior entre los nueve valores universales al tiempo que un menor desequilibrio (desviación media) entre sus niveles una vez estandarizados, y esto y no otra cosa sería una noción de “desarrollo” más rigurosamente definida. Manera cuantitativa de análisis que dulcificaría al menos la típica conflictividad que ha ocasionado su gran enfrentamiento histórico.

Y lo que queda por aceptar es que los nueve valores representan un todo sistémico interrelacionado a través de una dialéctica normalmente positiva (a mayor nivel en un valor, mayor nivel en los demás) y excepcionalmente negativa como sucede entre los valores de “Libertad” y “Justicia Distributiva” (a mayor nivel de uno, menor del otro), y cuyo paradigma lo representa el fondo del mar donde la “libertad” es máxima (los peces se mueven a su antojo) mientras que la “Justicia Distributiva” es mínima (el pez grande se como al chico). Inevitable consecuencia ésta que haría retroceder un tanto al propio Adam Smith al constatar, primero que no todo es sólo crecimiento económico; y segundo, que el resto de los valores pueden resultar previos y necesarios para aumentar la riqueza material, como sucede cuando esto no es posible sin una buena salud, sin un respeto ecológico mínimo o sin un desarrollo previo de dos de los valores más olvidados del patrón (“calidad de las actividades” –léase p.e., el paro- y “Prestigio moral”, p.e. el fraude fiscal), razón por la cual nos vemos obligados a inventarnos teorías como la de Responsabilidad Social Corporativa. De manera que conviene dejar claro que lo que nos interesa definitivamente es el concepto de “desarrollo” y que el valor “Riqueza Material” o nivel económico alcanzado, es solo una de las nueve dimensiones que lo compondrían. De ahí la necesidad de la permanente y dinámica re-equilibración más adaptativa e inteligente de todos los valores.

Y solo si somos conscientes de esta dialéctica sistémica conseguiremos una vida colectiva más desarrollada, y el ejemplo que nos proporcionan los países escandinavos (reequilibrando y horizontalizando políticamente los valores de “Libertad” y “Justicia Distributiva” y por ende los de “Riqueza Material” y “Seguridad” ) es quizás el espejo donde deberíamos mirarnos. Y es que muchas veces no hay nada más inteligente que seguir las mejores brechas.

No es la deuda, es el crecimiento

NO ES LA DEUDA, ES EL CRECIMIENTO

Por Francisco Parra Luna, Catedrático Emérito UCM

Se habla sin cesar de la necesidad de austeridad en España y no sin causa. Basta con ver los indicadores diferenciales más básicos (paro, déficit comercial y débil crecimiento del PIB) para constatar nuestra calamitosa situación. Incluso hemos reingresado en el club de los PIGS y hasta se teme un rescate financiero.

Nada, pues, que criticar sobre la austeridad y la deuda, pero sí añadir algo. Y es que el problema español no es tanto de endeudamiento como de crecimiento. Si clasificamos los 10 países más importantes de la UE por su déficit público más deuda pública en porcentajes de sus respectivos PIBs, tenemos: Italia 120.8; Belgica 105.8; Francia 85.4; Reino Unido 81.7; Alemania 76.9; Austria 71.2; Holanda 67.1; España 62.9; Dinamarca 46.7 y Suecia 43.2. (The Economist, 11.12.2010). Y dado que la deuda privada es poco significativa por el “efecto multinacionales”, ya quisieran muchos países tener nuestro nivel de endeudamiento.

¿Qué sucede entonces? Sucede, que si elaboramos un índice dividiendo el crecimiento previsto del PIB para 2011 multiplicado por cien, entre los niveles de endeudamiento citados, tendremos el porcentaje que las perspectivas de crecimiento económico representan sobre la deuda, lo que proporciona un cierto sentido de garantía soberana. Y según esta garantía la clasificación es: Suecia 7.2; Dinamarca 3.8; Alemania 2.8; Holanda 2.4; Reino Unido 2.3; Austria 2.1: Francia 1.7; Bélgica 1.4; Italia 0.9; y España 0.6. Es decir, de estar entre los mejores por deuda, hemos pasado a estar en la cola absoluta por garantía económica. Y ello sin tener en cuenta los índices de paro que nos hundirían absolutamente en la miseria.

Luego el problema no está en la deuda estatal, sino en una política de empobrecimiento que causa temor y desconfianza en los mercados, pues, si perciben que España presenta las peores perspectivas de crecimiento, si las agencias de rating le rebajan de categoría, y si además los mismos mercados airean esta situación porque “huelen” superiores tasas de interés como prestamistas, el diferencial respecto a Alemania subirá, nos costará más invertir y consumir, recortaremos la I+D+i estancando nuestra competitividad y el proceso para salir los últimos de la crisis quedará asegurado.

Debería quedar claro, pues, que el origen de este círculo vicioso reside en mimetizar en exceso las políticas generales de reducción de deuda, válidas seguramente para otros países con mayor endeudamiento y superiores crecimientos, pero no para España que presenta justamente los números cambiados. Parece mentira que pisemos un charco tan visible pero así es. Y como además es la vía más fácil y la que está recomendada “urbi et orbi”, se acepta sin rechistar. Pero debe recordarse que la deuda de España, hoy, se pueden reducir de dos maneras: ahorrando y pagando lo que se debe a costa de estancarnos en competitividad (círculo vicioso), o bien emplear el dinero ahorrado en crear puestos de trabajo pro-competitivos (desde el transporte de mercancías por ff.cc, hasta la necesidad de inspectores, pasando por reducir la dependencia energética ), que permitan incrementar la inversión, la exportación, el consumo, el PIB, los ingresos fiscales y cerrar el círculo virtuoso reduciendo deuda.

Pero claro, ello tiene un precio: Necesitaríamos presentar a los mercados un plan integral tan sistémico y bien calculado a dos/tres años vista que les resultara convincente. Lo que no se puede hacer es limitarnos a mimetizar unas políticas económicas internacionales que están pensadas para quienes no sufren un 20 % de paro ni exhiben el absurdo desequilibrio que consiste en eso que llamamos la “insostenible triada” de “cosas por hacer “ paro” y “dinero desaprovechado”. Saber, pues, dónde estamos, dónde están los demás y por qué recomiendan determinadas políticas y no otras, sería uno de los primeros pasos a dar. Pero como un tal proyecto exige integración de teorías, superar corporativismos, aceptar la multidisciplinareidad y hablar solo con cálculos a la vista, y todo ello a su vez mayores dosis de esfuerzo, humildad y responsabilidad en lo personal, no es posible concluir sin pedir un profundo cambio de nuestras actitudes éticas. Y siento tener que acudir de nuevo a la especificidad del sistema de valores que nos moldea, pero ¡qué falta hace una reflexión detenida sobre nuestro modo de “vida colectiva”¡.

martes, 29 de marzo de 2011

¿Cuánto pesan cuatro millones de parados en España?

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¿Cuanto pesan cuatro millones de parados en España?
Número de revista : 36

Francisco Parra Luna

No parece que mucho, pero antes de responder con algún fundamento a esta pregunta, es preciso situar el problema español del paro dentro del contexto internacional en el que se produce.

"¿Se sopesa el problema del paro en España en todas sus dimensiones y consecuencias? Por desgracia veremos que no. No lo suficiente en todo caso frente al platillo donde contrapesan, consciente o inconscientemente, determinados intereses de políticos y técnicos"

Entre otras cosas porque el capitalismo tradicional está cambiando sus cartas de naturaleza. En las últimas décadas hemos pasado, de un capitalismo que bien podría explotar a los trabajadores apropiándose de sus plusvalías pero que en todo caso producía bienes y servicios reales, a un capitalismo que produce demasiados papeles financieros ficticios, y donde los viejos economistas que analizaban la oferta y la demanda, la productividad y la competitividad de productos que satisfacían necesidades humanas, se han convertido en analistas financieros internacionales especializados en vender mucho humo crediticio sobre-apalancado desligado de la producción real de bienes. Han abandonado la deseable optimización de los recursos escasos para dedicarse a la sobre-circulación e inflación de “productos” financieros (MBS, CDO, CDS, Hedge Funds….)1 alejados de cualquier realidad económica, y donde hasta la concesión de premios nobel de economía ha caído en la trampa de lo meramente artificioso e irreal. Veamos esta nueva orientación expuesta en palabras de Loretta Napoleoni, buena conocedora de las modernas redes financieras internacionales: “En 1997, Robert Merton y Myron Scholes ganan el Nobel de Economía gracias a la fórmula matemática que calcula el valor de una opción, la madre de todos los derivados. Es oficial: los derivados representan una “gran contribución a la humanidad”. Sin embargo, al año siguiente el fondo de inversión gestionado por los dos premios Nobel, “Long Term Capital Management” (LTCM), se encuentra en la ruina y ha de ser rescatado por la Reserva Federal. En el balance se ha abierto un abismo de 3.500 millones de dólares, creado por el efecto multiplicador de las pérdidas de la famosa fórmula. Y con el LTCM empiezan los ensayos generales del “great bail out” bancario, el megarrescate de los bancos del otoño de 2008.”2

"En España se sufre el paro más alto (20,7%); el déficit comercial más elevado (-4,4% del PIB) (3); y la cantidad de dinero 'económicamente malgastada' más alta del mundo (30.000 mill. euros/año), 'insostenible triada' ésta, cuyo desperdicio de recursos y posibilidades no se produce en ningún otro país a tan exagerado nivel"

En un tal contexto, España, como cualquier otro país de tipo medio, poco puede hacer. Lo único, aparte de colaborar internacionalmente lo que pueda por resolver y minorar el galimatías financiero, es reflexionar sobre sí misma como país, repensar sus diferenciales y sus posibilidades propias para tratar de resolver, en primer lugar, su impresentable tasa de paro laboral. Y en este sentido España va a encontrar ciertos márgenes de acción.
¿Se hace sin embargo esta reflexión?. ¿Se sopesa el problema del paro en España en todas sus dimensiones y consecuencias?. Por desgracia veremos que no. No lo suficiente en todo caso frente al platillo donde contrapesan, consciente o inconscientemente, determinados intereses de políticos y técnicos. Todos sabemos que el problema económico de España es grave dado el lamentable papel que nos está tocando representar en el mundo desarrollado donde, aparte de ser los campeones absolutos del paro, contemplamos impotentes como los demás países comparables salen de la recesión, justamente todos menos nosotros, y ello después de haber presumido de haber adelantado a Italia en PIB “per capita” y estar a punto de hacerlo respecto a Francia y Reino Unido. Y sobre todo, volver a ser vistos como uno de los PIGS (Portugal, Irland, Greece, Spain) y en el punto de mira de mercados y agencias de evaluación ante el peligro de un rescate financiero internacional. Una humillación en toda regla para todos, pero principalmente para políticos y técnicos, en particular para estos últimos.
Para resituar un poco el problema, los gráficos 1 y 2 resumen los efectos negativos del paro. El primero de ellos, centrado en sus repercusiones económicas más directas, señala como el paro da origen a una disminución del PIB, a un incremento de las prestaciones por desempleo y a una disminución de las recaudación de las cuotas de la Seguridad Social, todo lo cual no puede sino incrementar el déficit público por mayor gasto estatal, lo que a su vez detrae dinero de los mercados y disminuye tanto el consumo como la inversión, circuito vicioso que termina por revertir mediante el conocido “feedback” negativo en un mayor agravamiento del paro. Y así nos hemos llevado en España dos años intentando velar disimuladamente este gráfico, y otro año más, visualizándolo, cierto, pero sin saber qué hacer con la situación.

"El fondo del problema no parece ser técnico, sino surgido de una extraña conjunción, psicológica y ética, que puede haber derivado en una especie de “acantonamiento” cerebral de políticos y técnicos motivada por una conformista asunción de principios obsoletos"

El gráfico 2 extiende ahora las consecuencias del paro hacia otros aspectos sociales y culturales que no resultan por ello menos graves que el económico y que incluso acentúan. No es preciso comentar el sentido negativo de cada una de las flechas causales que origina el fenómeno para ser conscientes del enorme problema socioeconómico que origina una tasa de paro tan descomunal como la española. Piense el lector en el significado de los 16 conceptos representados en el gráfico (aún simplificándolo) para darse cuenta de la tragedia social y nacional que representa. Pero todo lo cual no parece que preocupe extraordinariamente a los responsables españoles de la política económica a juzgar por la mostrenca persistencia de los hechos, y sobre todo, cuando la tasa de paro resulta tan descollante y descalificadora como mero hecho estadístico en el contexto de los demás países comparables.
Pero lo más chocante, lo que demuestra el aparente escaso interés por resolver el problema del paro en España, se produce cuando se constata una triple situación absurdamente desaprovechada: sufrir el paro más alto (20,7%)3; el déficit comercial más elevado (-4,4% del PIB) (3); y la cantidad de dinero “económicamente malgastada” más alta del mundo (30.000 mill. euros/año), “insostenible triada” ésta, cuyo desperdicio de recursos y posibilidades no se produce en ningún otro país a tan exagerado nivel. Y es que cuando se integran debidamente estos tres desequilibrios en un modelo multivariable sistémicamente interrelacionado (como lo hace el modelo “Axiologico-SETCU” para el periodo 2010-13) y se realizan los cálculos oportunos, aparecen previsibles los siguientes resultados: 1) El paro pasaría al final del 2013 de un 20% a un 12-15% por creación de cerca de 1,5 millones de puestos de trabajo. 2) El PIB acumulado en 2013 crecería cerca de un 15% respecto a 2010 y la renta per capita pasaría de 22.300 euros en 2010 a 24.300 en 2013; 3) Mejorarían las cuentas de la seguridad social; 4) el déficit público quedaría reducido a la mitad sin subir impuestos; y 5) incrementaría la competitividad de la economía española y mejoraría su sistema de valores.”. Debido todo ello a realizar el esfuerzo necesario (público y privado) para incrementar la competitividad de la economía española allí donde le duele (desde el transporte de mercancías por ff.cc. hasta el mejoramiento de la educación, la inspección o la justicia), pasando por el máximo empeño en I+D+i y las TICs. Y sobre todo, y desde ya, una profunda reforma fiscal, un ahorro de gasto público –principalmente autonómico- una explotación máxima de yacimientos pro-competitivos de empleo, y una apertura crediticia integrada en un plan general que debe volver a ilusionar y motivar a la sociedad española4.
Estrategias cifradas que, aunque calculadas y enunciadas al modo meramente exploratorio, han sido consideradas por algunos prestigiosos economistas como merecedoras de atención, pero que sin embargo no han dado un paso más allá. ¿Por qué?. Responder a esta pregunta merecería lanzar cierta hipótesis que adelanto por si moviera a la reflexión. En cualquier caso el fondo del problema no parece ser técnico, sino surgido de una extraña conjunción, psicológica y ética, que puede haber derivado en una especie de “acantonamiento” cerebral de políticos y técnicos motivada por una conformista asunción de principios obsoletos. Pues la idea de integrar “necesidades pro-competitividad”, con “dinero disponible por desubicado” y con “personal parado (formado o formable)”, y precisamente a los altos niveles en que se encuentran en España, presenta una lógica tan aplastante, tan de sentido común, y con unos resultados previsibles tan fundamentados, que muchos deben pensar que la solución no puede ser tan clara cuando no se adopta, y que no es creíble que algo que parece realizable y lógico (según las cifras del modelo axiológico) no se lleve a cabo. Mas, ¡craso error de apreciación!. ¡Cómo si todo lo que fuera claro, viable y lógico se realizara!, pues sabido es que ni los políticos que deciden ni los técnicos que los asesoran responden siempre a esta lógica. Y si no, veamos algunos hechos notables: Por ejemplo, ¿resultó lógico que gobernantes de talla mundial decidieran la guerra de Irak cuando el sentido común la percibía como injustificable?. ¿Resultó lógico que en España se prometiera al Parlamento catalán satisfacer todas sus reivindicaciones nacionalistas o filo-independentistas?. ¿Fue lógico que el estado mayor de la Alemania nazi se propusieran dominar al resto del mundo?. ¿No resultaban estas decisiones como carentes de toda lógica?. ¿Acaso no resultaba más fácil no hacer la guerra de Irak, no prometer lo imposible y no intentar dominar el mundo?. Esto era lo fácil, lo lógico y lo que pedía el sentido común, y sin embargo se hizo lo contrario. ¿Por qué entonces hemos de esperar que se produzca una correspondencia entre lo que parece claro y lógico y lo que finalmente se hace?

"El problema económico español es, pues, un problema de profunda naturaleza psicológica que viene a hundir su raíz en dos carencias: por parte de los políticos, en su consabido déficit ético cuando anteponen sus intereses partidistas a los nacionales; y por parte de los técnicos en una escasa voluntad de esfuerzo cuando evitan la necesaria colaboración inter-profesional"

Y si nos centramos en el problema del paro en España, vea los lo que manifestó hace unos meses un prestigioso economista, todopoderoso ministro de economía durante bastantes años en su país, quien al examinar el modelo citado escribió: “Siento no poder dar mi opinión sobre el modelo Axiologico-SETCU porque no entiendo ni el lenguaje de los valores ni el enfoque sistémico que utiliza”. En verdad, ¡increíble!. Una persona que tuvo ese nivel de responsabilidad dice no entender de “valores” (cuando en nuestra vida no podemos sino perseguir “valores”) y no entender el lenguaje sistémico (cuando sabemos que en economía todo está interrelacionado). Y lo que es peor: tan ilustre economista no está solo, ya que una buena parte de los técnicos que se ocupan del tema ni identifican el sistema de valores como origen de la crisis, ni diseñan una solución culturalmente integrada, ni modelan la complejidad, ni por supuesto realizan los cálculos necesarios en base a la misma. Es más, hacen todo lo contrario: no se salen de sus variables economicistas, no tratan el sistema de los valores, no modelan ni integran las variables más significativas, y sin embargo, sí sugieren día tras día decenas de medidas parciales, inconexas y hasta contradictorias que, como se está viendo, no solucionan ni la economía ni el paro. El fallo técnico consiste en no percibir que lo que se entiende hoy por “economía” (el complejo sistema social-cultural-psicológico-político-tecnológico) necesita, imprescindible y urgentemente, un tratamiento multidisciplinar y multiteórico para comenzar.
El problema económico español es, pues, un problema de profunda naturaleza psicológica que viene a hundir su raiz en dos carencias: por parte de los políticos, en su consabido déficit ético cuando anteponen sus intereses partidistas a los nacionales; y por parte de los técnicos en una escasa voluntad de esfuerzo cuando evitan la necesaria colaboración inter-profesional. De esta forma, la bochornosa tasa de paro y los pésimos indicadores económicos que presenta España no parece que significan lo suficiente para ambos colectivos. Los primeros siguen pensando exclusivamente en sus intereses electoralistas cuando no personales. Los segundos, acantonados en sus teorías economicistas, parecen poco dispuestos al esfuerzo de plantearse nuevas perspectivas y enfoques teóricos principalmente de naturaleza axiológica. No es que resulte de toda esta inacción tan mostrencamente asumida un paro “deseado”, pero si desde luego “permitido”, y en todo caso “preferido” a tener que soportar unos cambios de actitud que deben percibir como altamente disonantes. En suma, para ambos colectivos (políticos y técnicos), los más de cuatro millones de parados, su cadena de efectos socio-económicos y el bochorno internacional que producen, no pesan lo suficiente frente al platillo de su compulsiva autoestima. Y en esta especie de estado aletargado permanece España desde el comienzo de la crisis. Y si no resultara demasiado duro, diría que España está gravemente enferma (quizás lo estamos todos) de lo que podríamos llamar “daltonismo axiológico”, o incapacidad para percibir el papel de los valores en la sociedad moderna y concretamente en su economía. Incapacitada por lo tanto para entender lo que le sucede, como intenta demostrar el modelo Axiológico-SETCU (4).

"España está gravemente enferma (quizás lo estamos todos) de lo que podríamos llamar 'daltonismo axiológico', o incapacidad para percibir el papel de los valores en la sociedad moderna"

Precisamente un ejemplo muy a mano de este “daltonismo” inconsciente lo proporciona alguien generalmente tan bien informado como J. Estefanía5, cuando presenta “La crisis diferencial en España” como producto de la deuda y del paro, pero lo cual no sería exactamente así ya que nuestra deuda está en un nivel comparable al de otros países6. Sin embargo, un enfoque más sistémico-axiológico de la crisis nos diría que el verdadero “diferencial” español reside en la insólita convivencia de tres desequilibrios: “paro”, “cosas por hacer” y “dinero dilapidado”, y los tres a niveles tales, que resultan desconocidos en cualquier país comparable al tiempo que encierran la solución de gran parte del problema español. Sin embargo, no es esta desequilibrante confluencia la que se percibe, ni en España, ni en muchos organismos internacionales a los cuales no parece “llegarles” la angustiosa especificidad de lo que hemos llamado “insostenible triada” (4). Desenfoque generalizado que parece tener su origen en un involuntario problema de percepción por mera “obsolescencia metodológica”, o más bien “epistemológica” si no peco de petulancia y todavía académicamente imperante, en el planteamiento moderno de los problemas complejos7.
Precisamente en este sentido, Paul Krugman termina uno de sus libros con la siguiente frase que bien merecería la atención de los técnicos españoles: “Sin embargo, no alcanzaremos el grado de comprensión necesario a menos que estemos dispuestos a reflexionar claramente sobre nuestros problemas y a seguir nuestros pensamientos allá donde nos lleven. Hay quienes dicen que nuestros problemas económicos son estructurales y que no tienen solución a corto plazo, pero yo creo que los únicos obstáculos estructurales importantes para la prosperidad del mundo son las doctrinas obsoletas que pueblan la cabeza de los hombres.”8. Más apropiada imposible.
¿Se percibe entonces una salida para España?. Por supuesto que sí, ya que de todo se termina saliendo, aunque en nuestro caso, aparte de los últimos de la fila, con el brazo en cabestrillo y cojeando. Y al fin y al cabo algo va quedando del enfoque axiológico-sistémico. Pues poco a poco se va reconociendo el peso de los “valores” en la sociedad, se habla cada vez más de la naturaleza “sistémica” de la crisis, y puede que no falte mucho para que se vuelva a los viejos “common sens” modelos desarrollistas que tanto bien hicieron en los años sesenta. Aunque eso sí, seguirá pareciendo malsonante cualquier mención a un necesario “plan quinquenal” por moderno, racional, flexible y participado que resulte, sólo por aquello de relacionarlo con los fracasados soviets. Y es que, si nos comparamos con los países más importantes y cercanos de Europa, seguramente estamos todavía lejos de haber alcanzado nuestro máximo nivel de “incompetencia relativa”, donde, por desgracia, el lamentable diferencial español en los tres indicadores quizás más básicos en cualquier economía (paro, crecimiento y déficit comercial) nos sirve de humillante pero irrefutable evidencia empírica.

1 Estos “productos” financieros, derivados de lo que se viene llamando “la nueva alquimia”, se traducen por: MBS (Mortage Backed Securities) que son obligaciones de pago garantizadas por hipotecas, muchas de ellas “Subprime” o “tóxicas” cuyo valor real es inferior al nominativo; CDO (Collateraized Debt Obligations), que vienen a ser las anteriores MBS pero estructuradas según diferentes grados de riesgo y remuneración; CDS (Credit Default Swaps) que son MBCs o CDOs cuyos pagos los garantiza además una tercera institución aseguradora. Se comprende perfectamente que cuando la base falla (las hipotecas tóxicas), la cadena de documentos apalancados los unos sobre los otros se declarará fallida al modo de un dominó sistémico imparable, lo que vendría a representar la traca final de la crisis. Por último, los “Hedge Funds” son fondos de inversión libre sin apenas regulación oficial, muchos de los cuales vienen a funcionar como las famosas pirámides Ponzi ( se pagan solo los intereses mientras se quedan con el capital) y donde los casos de Madof en EE.UU o Forum-Afinsa en España son casos típicos de esta vieja y criminal ingeniería financiera que al parecer no pasa de moda. Una magnífica descripción de este funcionamiento puede verse en A. Anchuelo y M.A. Garcia, “La economía edificada sobre arena”, ESIC,Madrid, 2009.
2 “La mordaza: las verdaderas razones de la crisis mundial”, Loretta Napoleoni, Paidos, Barcelona, 2010.
3 The Economist, Economic and Financial Indicators, December 4th-18th,2010.
4 “Para salir de la crisis: un modelo cuantificado hacia la creación de empleo”, Equipo MULTIDIS, coordinadores: Francisco Parra Luna y José Ignacio Ruiz Rodriguez. Ediciones del Serbal, Barcelona, 2010. Al que le sigue “El paro permitido: una alternativa para salir de la crisis”, F. Parra Luna, Ed. Coronaborealis, Malaga, 2010. El primero de estos libros detalla los cálculos del modelo, mientras que el segundo plantea en un lenguaje llano y directo los problemas existentes para su adopción en España.
5 “La crisis diferencial de España”, Joaquin Estefanía, en NOTARIO DEL Siglo XXI, n. 34, Nov-Dbre 2010, pag. 66.
6 En un trabajo todavía no publicado titulado “España necesita una regeneración” se intenta demostrar que no son los niveles cuantitativos de la deuda total (pública+privada) lo que causa alarma en los mercados, sino otras variables.
7 “Le paradigme de la complexité et la Sociologie”, A. Malaina, These de Doctorat. Univ. de Paris (EHESS) y UCM Madrid.
8 “El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual”, Paul Krugman, Ed. Critica, Barcelona, 2009.

Abstract

The world economic situation has significantly changed, not only because of the crisis, but mainly due to the fact that some classical economic principles, before centered around the production and distribution of real goods, are now more centered around an over-circulation of complex financial documents (MBS,CDO, CDS…….) which are not productive at all, except for a minority of experts and institutions, like some “shadow bank systems” which are not sufficiently regulated. In this context, our politicians and technicians are not taking into account the very high level of unemployment in Spain and its economic and social consequences. The three main axiological disequilibria (“economic competitive needs”, “unemployment” and “financial resources available”), much greater in Spain than in other developed countries, are clearly not interrelated in their economic analyses, whereas the systemic integration of these three disequilibria could solve a substantial part of the unemployment problem. The main reasons for this omission seems to be: first, that technicians are not ready to make the necessary efforts to adopt new theoretical and non-obsolete approaches to cultural and economic problems (for instance, the axiological and systemic approaches); and, second, the unethical behavior of politicians who usually think more of their personal and electoral interests than of the population’s needs. The attitude of these two main stakeholders could be at the heart of the grave Spanish unemployment problem.



Francisco Parra Luna es Catedrático Emérito de Sociología, UCM


parraluna3495@yahoo.es

Publicada : 29-03-2011








lunes, 27 de diciembre de 2010

Una economía bizca

Una economía bizca

Francisco Parra Luna -
27/12/2010

Dos bizcos caminando en dirección contraria chocan. Y exclama uno: "¡A ver si miras por dónde vas!", y el otro responde: "¡Y tú a ver si vas por donde miras"! Anécdota que retrata a la economía española como en ningún otro país; un tanto bizca cuando no estrábica total. Con el ojo derecho, percibe la superficie del neoliberalismo y su consabida bajada de impuestos, eliminación de rigideces laborales y comerciales, equilibrio fiscal, adelgazamiento del Estado, menor protección social, y en general gusta de dejar solo al individuo para que la necesidad afile su inteligencia y termine así incrementando el PIB.

Sus referentes políticos son Reagan, Thatcher, Aznar..; sus mentores intelectuales una buena pléyade de economistas desde Adam Smith a Friedman; sus protectores institucionales el FMI, la OCDE, los bancos centrales y como no, todo el empresariado nacional con sus potentes lobbies tanto teóricos (centros de estudio), como prácticos (ayudas financieras). Proceder que además llaman "ortodoxia económica" y todo aquel que no la comparta será objeto de severa crítica por "no mirar por dónde va".

Razones que no son menores cuando solo mira por su ojo izquierdo y se recrea en la superficie de lo social. Sostiene que si no existe una previa distribución justa de los bienes materiales, las libertades resultan espurias e insostenibles por conflictivas. Contempla el programa neoliberal como la vida en el mar, donde reinaría la libertad más absoluta pero también la injusticia más flagrante al comerse los peces grandes a los chicos sin la menor piedad. Piden así un Estado fuerte que obligue a practicar una necesaria redistribución de los bienes y servicios producidos para evitar la conflictividad. De ahí que sus mentores intelectuales arranquen de Marx primero y de Keynes después, para continuar con otra pléyade de economistas no menos razonables como Stiglitz o Krugman, aunque sus mentores institucionales se limitan a los sindicatos de clase, cuya debilidad actual les hace mostrarse extremadamente prudentes cuando no sumisos.

No obstante, apoyada en su propia debilidad económica, esta visión está igualmente imbuida de una ética tan profunda que no puede evitar, aunque quisiera, el choque con el poderoso bizco neoliberal al que se enfrenta.

Ambas visiones, como corresponde a la patología médica del estrabismo, impiden "ver en profundidad", cosa que viene a ser lo normal urbi et orbi. Lo tragicómico de la situación aparece cuando España se limita a mimetizar ambas pautas desaprovechando sus posibilidades propias. Cuando presenta márgenes objetivos que permitirían cruzarse a los dos bizcos sin rozarse, y hasta cediéndose el paso cuando convenga. Esto es lo que preconiza cualquier enfoque integrativo que asuma que las teorías, por incompatibles que parezcan, son complementarias y multiplicativas, lo que para España es una necesidad absoluta ante los notorios y específicos desequilibrios que presenta. Un enfoque como la Teoría de Sistemas, por ejemplo, con sus postulados de multiperspectivismo, interdisciplinariedad y resultados cuantificados en términos del "sistema de valores" (lo único que en realidad nos importa a los humanos) puede así resultar un instrumento válido.

¿Empeño fácil? Desgraciadamente no. Las actitudes mentales de unos y de otros están tan hechas, tan estructuradas y seguras, que algo que las obligase a complementarlas, como por ejemplo intenta el modelo axiológico-setcu (en Para salir de la crisis: un modelo cuantificado.., Equipo Multidis, Editorial del Serbal, 2010) no sería ni comprendido ni aceptado. De ahí que algunos economistas hayan podido decir -y por escrito- que no entienden ni el lenguaje sistémico que utiliza ni su interpretación en términos del "sistema de valores". Es cierto que los políticos, por la fuerza de las cosas, intentan esta integración, pero se encuentran teóricamente tan desasistidos que sus parlamentos suelen ofrecer una lamentable comedia representativa del más risible encontronazo entre bizcos.

¿Consecuencias para España? Incomprensión, impotencia, corporativismos… entre técnicos y especialistas de un lado. Y de otro, paro escandaloso, tragedias familiares, los últimos en salir de la crisis, clasificados como PIGS y en peligro de humillante intervención internacional. Como pura irracionalidad, ¿hay quien dé más?

Y todo porque nuestro sistema socioeconómico se muestra incapaz, como todo bizco de ojos extraviados, de "visionar" la centralidad profunda del problema y de diseñar y calcular el plan integral y cuantificado que España necesita.

Francisco Parra Luna. Catedrático Emérito de la Universidad Complutense de Madrid